Códigos de buenas prácticas profesionales

Los Códigos de Buenas Prácticas Profesionales fueron ideados por Trama para fomentar el respeto por los derechos de los trabajadores de la cultura, uno de los componentes esenciales de este proyecto.

Durante el año 2015, el equipo de Proyecto Trama elaboró un código para las disciplinas artísticas literatura, música, audiovisual y artes escénicas, con la colaboración de distintos gremios, sindicatos y otros actores relevantes del sector.

Estos documentos son fundamentales para informar a los creadores y técnicos de la cultura sobre las condiciones mínimas en las que debieran desarrollar su trabajo, tanto para que se respeten sus derechos laborales como sus derechos de autor. Su aplicación y respeto permiten implementar buenas prácticas para todos los trabajadores de la cultura en su ámbito profesional.

El Código de Artes Visuales fue desarrollado por tres asociaciones gremiales del sector: APECH, SOECH y ACA. No obstante, desde el 2014, Proyecto Trama lo incorporó en sus actividades de difusión y a la serie conformada por los otros manuales.

Este material forma parte de la campaña #ElArteNuestroTrabajo, y la versión digital de cada uno está disponible para descarga en nuestra web.

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Preguntas Frecuentes Códigos de Buenas Prácticas Profesionales.

1. ¿Qué son los códigos de buenas prácticas profesionales y para qué sirven?

Son documentos que reúnen aquellas normas que regulan los diversos aspectos del trabajo artístico y cuya  aplicación y respeto permitirá implementar buenas prácticas para todos los trabajadores de la cultura. Estos manuales buscan orientar a los creadores, artistas y técnicos  de las condiciones mínimas en las que debieran desarrollar su trabajo, tanto para que se respeten sus derechos laborales como sus derechos de autor.

En este sentido, los códigos son una sistematización de la normativa vigente y de los tratados y recomendaciones internacionales que se aplican en este ámbito. Por ello, no son documentos que innoven o propongan nuevas prácticas, sino que se limitan a informar sobre lo que se debiera cumplir según la legislación actual.

El fin de los códigos es servir de guía tanto para trabajadores de la cultura (principalmente artistas y técnicos) como para los agentes que los emplean, sean del sector público o privado, de forma tal que no existan dudas a la hora de firmar un contrato laboral o un contrato de cesión de derechos de autor respecto de las cláusulas que se debieran incluir y de los aspectos que se deben resguardar.

2. ¿Quién se encargará de fiscalizar que estas normas y buenas prácticas se cumplan?

Proyecto Trama: Red de trabajadores de la cultura, es una plataforma que busca mejorar las condiciones laborales y la sustentabilidad económica de los trabajadores de la cultura del país. Sin embargo, el rol fiscalizador le corresponde principalmente al Estado. En el ámbito de los derechos laborales, el órgano fiscalizador es la Dirección del Trabajo. Además, los sindicatos también velan porque los empleadores de sus socios cumplan sus obligaciones legales. En el caso de los derechos de autor, el rol fiscalizador es de las sociedades de gestión de derechos de autor principalmente, y de los mismos autores que pueden denunciar cualquier vulneración.

3. ¿Al firmar un contrato laboral pierdo mi libertad de creación?

La libertad de creación es uno de los derechos fundamentales de los artistas y autores en nuestro país. Se encuentra consagrado por la Constitución Política (artículo 19 N°25) y también se incorpora en la normativa que regula el contrato de trabajo de artes y espectáculos (artículo 145 del Código del Trabajo), quedando establecido que la firma de un contrato de ese tipo no puede afectar la libertad de creación del artista y/o la posibilidad de trabajar en otros proyectos en paralelo.

4. ¿Cuándo la relación profesional amerita un contrato laboral y cuándo se trata de otro tipo de acuerdos?

El contrato laboral aplica cuando existe una relación laboral entre un trabajador (persona natural) y un empleador. Las relaciones laborales son individuales y no colectivas, es decir, un empleador no puede establecer una relación laboral con un colectivo artístico en su conjunto, sino con cada uno de sus miembros de forma individual. Cuando se realiza un acuerdo entre una empresa contratante y una organización artística formal (tenga esta la figura de una empresa, una organización sin fines de lucro o una cooperativa) se habla de “contrato civil”.

La relación laboral como tal existe si el trabajador presta servicios personales bajo subordinación y dependencia a cambio de una remuneración acordada con el empleador. La relación de subordinación y dependencia se materializa a través de diversas manifestaciones concretas, tales como:

  1. Continuidad de los servicios prestados en el lugar de trabajo.
  2. Obligación del trabajador de asistir diariamente o en los días señalados en el contrato.
  3. Cumplimiento de un horario de trabajo.
  4. Obligación de ceñirse a las órdenes e instrucciones dadas por el empleador.
  5. Supervigilancia en el desempeño de las funciones.
  6. Subordinación a controles de diversa índole.
  7. La necesidad de rendir cuenta del trabajo realizado.

 

 

Si una o varias de estas condiciones se cumplen, el trabajador tiene derecho a un contrato de trabajo y a que se respeten las normas legales que le amparan, tales como el pago de sus cotizaciones; estar asegurado frente a accidentes laborales; contar con seguro de cesantía; vacaciones; etc.

En caso de que efectivamente no exista una relación de subordinación y dependencia es posible que los acuerdos queden establecidos mediante un contrato de prestación de servicios (a honorarios, contra entrega de boleta de honorarios) o bien mediante un contrato de autorización de derechos en caso de tratarse de un acuerdo que implique negociar la propiedad intelectual del artista.

5. ¿En qué casos me encuentro bajo una relación de subordinación y dependencia?

La relación de subordinación y dependencia se materializa a través de diversas manifestaciones concretas, tales como:

  1. Continuidad de los servicios prestados en el lugar de trabajo.
  2. Obligación del trabajador de asistir diariamente o en los días señalados en el contrato.
  3. Cumplimiento de un horario de trabajo.
  4. Obligación de ceñirse a las órdenes e instrucciones dadas por el empleador.
  5. Supervigilancia en el desempeño de las funciones.
  6. Subordinación a controles de diversa índole.
  7. La necesidad de rendir cuenta del trabajo realizado.

 

 

Si una o varias de estas condiciones se cumplen, el trabajador tiene derecho a un contrato de trabajo y a que se respeten las normas legales que le amparan, tales como el pago de sus cotizaciones; estar asegurado frente a accidentes laborales; contar con seguro de cesantía; vacaciones; etc.

6. En el caso de que me contrate una entidad subcontratada por otra institución ¿quién tiene la responsabilidad en caso de infracción al código del trabajo?

La empresa que contrata directamente al trabajador es el que tiene la responsabilidad principal respecto a las condiciones en las que se desarrolla este y respecto al cumplimiento de los derechos que le otorga la ley como trabajador. Sin embargo, la institución que subcontrata a esa empresa tiene una responsabilidad subsidiaria, lo que significa que debe responder cuando el subcontratista no cumple con sus obligaciones laborales y previsionales respecto de sus trabajadores. Es decir, si la empresa subcontratista no responde frente a una demanda laboral, el trabajador puede demandar a la institución o empresa principal que realizó el subcontrato.

7. ¿Cuáles son mis responsabilidades como colectivo artístico a la hora de llegar a un acuerdo con un espacio o productora para realizar un espectáculo en vivo?

La mejor forma de resguardar los derechos de un colectivo artístico y de los trabajadores que lo conforman, es mediante la formalización de ese colectivo en una figura jurídica. La elección de la figura jurídica es decisión del colectivo en sí, dependiendo de la naturaleza de su actividad, pudiendo constituirse como empresa (sociedad limitada, por acciones, sociedad, empresa individual, etc.), como entidad sin fines de lucro (fundación, corporación, organización comunitaria, etc.) o como cooperativa (de trabajo o de servicios).

Así, en caso de estar formalizado, el colectivo podrá negociar sus condiciones como una entidad unitaria, al tiempo que resguarda el trabajo de sus miembros internamente. De esta forma, disminuyen las posibilidades de que sus integrantes realicen trabajos “en negro”, sin un resguardo legal (por ejemplo, cuando una compañía de teatro realiza una presentación en vivo y solo uno de sus integrantes entrega una boleta de honorarios).

Por otra parte, el colectivo artístico tiene una serie de responsabilidades frente al espacio o productora a la hora de realizar una presentación en vivo:

  • Realizar la presentación (o presentaciones) artística en el lugar, fecha y hora acordada. A ello se agrega la obligación de presentarse con anticipación a la hora de inicio de la presentación para realizar las pruebas de sonido o iluminación que resulten necesarias.
  • Indicar las necesidades técnicas idóneas para la actuación. Esta obligación se cumple a través de la entrega de la respectiva ficha técnica del espectáculo, la que se anexa como parte integrante del contrato dejando constancia de ellos en una de las cláusulas, junto con la facultad del artista para revisar la presencia de los requerimientos técnicos el día de la actuación.

 

 

Facilitar el material necesario para la difusión del espectáculo así como comprometerse a participar en las actividades que se realicen con este fin como sesiones fotográficas, ruedas de prensa, entrevistas y otras acciones de esta naturaleza.

8. ¿Cuáles son mis responsabilidades como espacio, productora o programador a la hora de llegar a un acuerdo con un colectivo artístico para que realicen un espectáculo en vivo en un evento producido por mí?

El productor o programador de un evento tiene la obligación de:

  • Proporcionar los medios materiales y técnicos necesarios para la presentación artística. Esto incluye no solo los requerimientos técnicos, sino también proporcionar los servicios de traslado, alojamiento y alimentación, salvo que se haya estipulado su cobertura por el colectivo o el artista. En el caso de eventos masivos, se incluye además el poner a disposición un lugar restringido habilitado con baño privado y catering que hará las veces de camerino.
  • Realizar la difusión del evento.
  • Pagar la remuneración acordada.
  • Abstenerse de fijar o transmitir las interpretaciones del artista sin su autorización, ni hacer uso indebido de su imagen.

9. ¿Debo pagarle a un artista o colectivo por presentarse en mi espacio o evento?

La ley no obliga a que los espacios o eventos culturales remuneren a los artistas o colectivos por realizar una presentación en vivo, pero el Código de Buenas Prácticas Profesionales reconoce la actividad artístico-cultural como un trabajo que debe ser remunerado como cualquier otro, ya que en él los artistas y técnicos invierten tiempo, recursos y estudios que deben ser recompensados.

El tipo de remuneración (o caché) y su monto debe quedar estipulado en el contrato, estableciéndose si dicho pago incluye o no los gastos de producción de la presentación (traslado, transporte, alojamiento, alimentación, etc.). En cuanto a su monto, este puede consistir en una suma fija de dinero o en un porcentaje de los ingresos por boletería (borderó).

12. ¿Cuál es la diferencia entre un contrato de artes y espectáculos y otro tipo de contrato a plazo fijo?

El contrato de artes y espectáculos es un contrato que puede pactarse por un plazo fijo, una o más funciones, por obra, por temporada o proyecto, pudiendo tener el servicio prestado una duración inferior a 30 días (incluso de menos de tres días). El contrato de artes y espectáculos solo aplica cuando la relación laboral tenga una duración determinada. Los contratos de duración indefinida se rigen por las normas comunes del Código del Trabajo.
Por otra parte, el contrato de artes y espectáculos no fija una jornada semanal máxima, como sí lo hace el contrato a plazo fijo común que no debe excederse de 45 horas semanales. Sin embargo, el contrato de artes y espectáculos establece un límite de jornada diaria de 10 horas, con un margen de 2 horas extraordinarias como máximo. En este sentido, los trabajadores de artes y espectáculos pueden trabajar hasta 12 horas diarias, mientras que la regla común es que no se pueda trabajar más de 10 horas diarias.
Asimismo, los trabajadores de artes y espectáculos están autorizados para trabajar domingos y festivos, días considerados como de descanso para el común de los empleados. Sin embargo, se les debe compensar con un día de descanso o ser pagados como horas extraordinarias.
Otras disposiciones específicas del contrato de artes y espectáculos es el resguardo de la imagen del artista, ya que establece que el uso y explotación comercial de la imagen de estos trabajadores por parte de sus empleadores, para fines distintos al objeto principal de la prestación de servicios, requerirá de su autorización expresa. También se reconocen los derechos de propiedad intelectual de los trabajadores de artes y espectáculos, los que no se ven afectados por la firma de un contrato de este tipo.
Por último, el contrato de artes y espectáculos marca una diferencia en términos tributarios respecto a otro tipo de contratos. Para efectos de la tributación que deben pagar los trabajadores, estos serán considerados como trabajadores independientes, pero solo para estos efectos. En todo lo demás son trabajadores dependientes. Esto quiere decir que el trabajador cultural debe emitir una boleta de honorarios por la remuneración recibida. De esta forma, el impuesto a la renta que debe cancelar se calcula de forma anual y no mensual como ocurre con el resto de trabajadores dependientes. El fin de esta medida es evitar pagos excesivos de impuestos ya que en ocasiones los trabajadores culturales perciben cantidades importantes de dinero producto de servicios prestados durante un plazo determinado de tiempo, los que no necesariamente son proporcionales al promedio de rentas recibidas a lo largo del año.

13. Si soy parte de una compañía, banda u otro tipo de colectivo artístico y no tenemos ningún “empleador” fijo ¿qué podemos hacer para protegernos como trabajadores?

La mejor forma de resguardar los derechos de un colectivo artístico y de los trabajadores que lo conforman, es mediante la formalización de ese colectivo en una figura jurídica. La elección de la figura jurídica es decisión del colectivo en sí, dependiendo de la naturaleza de su actividad, pudiendo constituirse como empresa (sociedad limitada, por acciones, sociedad, empresa individual, etc.), como entidad sin fines de lucro (fundación, corporación, organización comunitaria, etc.) o como cooperativa (de trabajo o de servicios).
Así, en caso de estar formalizado, el colectivo podrá negociar sus condiciones como una entidad unitaria, al tiempo que resguarda el trabajo de sus miembros internamente. De esta forma, disminuyen las posibilidades de que sus integrantes realicen trabajos “en negro”, sin un resguardo legal (por ejemplo, cuando una compañía de teatro realiza una presentación en vivo y solo uno de sus integrantes entrega una boleta de honorarios).

14 ¿Los estudiantes en práctica califican como trabajadores dependientes? ¿Es necesario hacerles un contrato de trabajo?

El artículo 8° del Código del Trabajo establece que los servicios prestados por estudiantes en práctica provenientes de una institución de educación superior o de la enseñanza media técnica-profesional, no dan origen a un contrato de trabajo. No obstante, la empresa en que realice la práctica profesional le debe proporcionar colación y movilización, o una asignación compensatoria por dichos beneficios.

 

Si no encontraste la respuesta que buscabas, escríbenos a asesorialegal@proyectotrama.cl


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